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sábado, 27 de julio de 2013

LA BONDAD DEL DESCONOCIDO

Hoy, encontrándome en esos momentos de descanso, escucho en una película que la TV estaba reproduciendo, el dialogo de un jefe de policía ante el secuestro de un niño, y decía más o menos lo siguiente:”me preocupa por los ciudadanos no preparados para hacer la búsqueda del niño y lo digo como responsable policial, pero como hombre lo que me emociona es la bondad de la gente”.

Por eso, hoy quiero abrazar a aquellos que no tienen a quien abrazar en el día de hoy, pues el imprevisto accidente se los ha llevado.

Hoy podemos recordar numerosas circunstancias acontecidas en nuestro país en estos últimos años; quién no recuerda la solidaridad del 11 M, ante tanta muerte, o el accidente de Metro de Valencia, o aquella ola de solidaridad cuando las playas gallegas quedaron llenas de “chapapote” del accidente del Prestige, o el terremoto de Lorca.
Sinceramente, todo esto me emociona, ese sentimiento de generosidad de la que es capaz el corazón humano ante circunstancias que nos sobrepasan.

Siempre he pensado en la generosidad como aquella capacidad de dar sin recibir, de ayudar sin esperar nada a cambio, o de dedicar tiempo y atención al otro sin esperar ningún tipo de compensación.

Pero nunca había considerado que también es importante con quien la practicamos, y que es precisamente esto lo que hace que no toda la generosidad es igual, ni necesariamente auténtica.

Hay una generosidad aparente, fácil, que es aquella que practicamos muchos de nosotros con personas de las que en el fondo esperamos algo. No esperamos una compensación inmediata (estaríamos faltando a la esencia de la generosidad) pero si que actuamos con la idea de que aquel acto nos compensará tarde o temprano. Es la generosidad que practicamos con amistades que queremos forjar, con personas que nos interesan, o que simplemente nos caen bien y queremos reforzar nuestros vínculos.


Y hay en cambio una generosidad auténtica, muy difícil, que es aquella que practicamos con gente que la necesita, simple y llanamente por que la necesita, sin ninguna otra consideración ni intención. Sin plantearnos nada más. De esta generosidad me siento atraído.

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